La ausencia del bazo se produce tanto por causas accidentales como por mal funcionamiento del mismo: traumatismo o accidente sobre la zona abdominal, enfermedades congénitas de la coagulación (púrpuras), anemias congénitas (esferocitosis, talasemias), cirrosis hepática, linfomas y otros tumores hematológicos, quistes en el bazo, rotura accidental por cirugía abdominal, etc. La ausencia de este órgano permite una vida normal, pero obliga a tomar algunas precauciones.

El Dr. Juan Francisco Navarro explica que “la falta de función del bazo, bien sea porque se ha extirpado o bien porque este no tiene su función habitual de forma congénita, ocasiona una alteración de los mecanismos de defensa inmunitaria de los pacientes, ya que el bazo es el órgano encargado de almacenar, controlar y depurar las células sanguíneas (globulos rojos y globulos blancos) de todo el organismo, lo que permite optimizar la función defensiva frente a diversas infecciones”, señala el médico.

Según explica Navarro, “la falta de funcionamiento del bazo, así como su exceso de funcionamiento, acompañado de esplenomegalia o aumento anormal de su tamaño, ocasiona un especial riesgo de infecciones producidas por gérmenes encapsulados (neumococo, hemophilus influenzae, meningococo, entre otros)”.

 

Por esta razón, el médico considera necesario vacunar a los pacientes frente a estas infecciones, si se puede con antelación suficiente a la esplenectomía o, si no es posible, a las pocas semanas de la intervención. La aparición además de nuevas vacunas, mucho más efectivas, en los últimos años, como la vacuna conjugada de neumococo 13 valente o la más frecuente del meningococo B, hace que muchos pacientes esplenectomizados en años anteriores a 2013 tengan una protección sólo parcial frente a estas infecciones y sea necesario incrementar su vacunación.