“Esta no es la primera vez que, desde el Gobierno, se plantea la necesidad de llevar a cabo una reforma legal dirigida a atajar el problema del consumo de alcohol entre los menores”, recuerda el coordinador del grupo, Rodrigo Córdoba García, pero “las propuestas adoptadas en revisiones anteriores no solo no lo han resuelto, sino que ni siquiera han mitigado este grave problema social y de salud pública”, denuncia el portavoz.

El gobierno actual debe ser valiente para no retrasar más la adopción de medidas legislativas efectivas” exige Córdoba quien, en nombre de los médicos de familia, propone 5 medidas de acción respaldadas por la Comisión Europea y el Plan Nacional sobre Drogas. La prohibición del consumo de todo tipo de alcohol en cualquier lugar de la vía pública y la acotación de los horarios de venta son algunas de ellas.

Así mismo, sugieren limitar la publicidad de cualquier bebida alcohólica y no solo la referente a licores, ya que, “por mucho que la industria del alcohol en España pague campañas para que los jóvenes no consuman alcohol, debemos saber que los jóvenes tienen una probabilidad más de 5 veces mayor de beber las marcas anunciadas en la televisión”. En el caso de los anuncios en revistas, la probabilidad de consumo es un 36% mayor que las no publicitadas.

El resto de medidas se centran en controlar los puntos de acceso a dichas sustancias o incrementar los impuestos sobre estas bebidas alcohólicas, especialmente “teniendo en cuenta que los tipos impositivos españoles se encuentran entre los más bajos de la Unión Europea”, según datos de Eurostat que estima una disminución del 8% en el consumo por cada aumento del 10% en el precio del alcohol.

Además, insiste Córdoba, “las cargas fiscales bajas generan un efecto llamada de ‘paraíso-fiscal-alcohólico-turístico’ que sirve de reclamo y punto de peregrinaje de multitudes; hecho que acarrea para nuestros menores y sus familias un problema añadido”. Entre las prácticas más preocupantes, señala, se mantiene el llamado botellón, que induce a una iniciación en el consumo cada vez más temprana y a una identificación del alcohol como instrumento social.

Esto lleva a los jóvenes a “minusvalorar las consecuencias negativas del consumo”, lamenta el portavoz, quien considera que la información y la educación son poco útiles mientras prevalezca la promoción, disponibilidad, accesibilidad y permisividad. “Si consideramos que el consumo de alcohol en esa franja de edad debería ser 0, los datos son muy preocupantes”, concluye.