La oximetría de pulso podría reducir hasta un 33,4% las muertes infantiles por enfermedad cardiaca congénita, según refleja un estudio publicado en JAMA. Los investigadores utilizaron los datos del National Center for Health Statistics de Estados Unidos para evaluar el cribado por oximetría de pulso de 26,5 millones de nacimientos entre los años 2007-2013 y comprobar si dicha prueba se asociaba con una reducción de la mortalidad infantil por enfermedad cardiaca congénita u otras causas cardiacas no especificadas.

“La cardiopatía congénita crítica, un subconjunto de 12 defectos con una alta probabilidad de presentarse con baja saturación de oxígeno en la sangre (hipoxemia), se produce en 200 de cada 100.000 nacimientos”, explica Rahi Abouk, investigador principal del estudio, motivo por el que es necesario realizar un diagnóstico adecuado de los bebés que padecen esta enfermedad.

Además de una reducción de un 33% en las muertes por enfermedad cardiaca congénita, los investigadores observaron que las muertes infantiles tempranas (entre 24 horas y 6 meses después del nacimiento) disminuían un 21,4% en los estados con políticas de detección obligatoria. Las disminuciones absolutas fueron de 3,9 muertes por 100.000 nacimientos con enfermedad cardiaca congénita y de 3,5 muertes por 100.000 nacimientos con otras patologías cardiacas.

“La razón fundamental para el cribado es que la detección precoz puede reducir el riesgo de que un bebé, aparentemente sano, con cardiopatía congénita grave sea dado de alta y experimente una crisis mortal. Si no se diagnostica de manera oportuna, particularmente, antes de que el ductus arterioso permeable se cierre a los pocos días de vida, los bebés con estos defectos a menudo mueren”, asegura Abouk.

Los científicos no detectaron disminuciones significativas de la mortalidad en aquellos estados sin detección obligatoria. “La evidencia es suficiente para asegurar que la detección precoz de la enfermedad cardiaca congénita del recién nacido es una intervención de salud pública exitosa", asegura Alex R., investigador que ha realizado un editorial sobre el artículo de investigación que analiza el uso de la oximetría de pulso.