Los oftalmólogos y autores del estudio, Marc Sarossy y Matthew Hao Lee, han puesto a prueba cuatro modelos de puntero de cada color. Aunque el riesgo de daño ocular existe en cualquiera de los casos, los modelos rojos se mantienen dentro de los límites de seguridad, mientras los verdes pueden llegar a estar 127 puntos por encima del límite de seguridad de un milivatio.

“Nuestra respuesta normal ante una luz visible, como la roja, es parpadear y apartar la mirada, y eso, por lo general es suficiente para evitar cualquier daño permanente”, explican, “sin embargo, el láser verde produce mucha más radiación infrarroja, que no provoca ni parpadeo ni respuesta natural de aversión”. Así mismo, la luz verde produce un haz más concentrado.

Kate Fox, perteneciente al equipo de la RMIT, ha recordado durante la Conferencia Internacional de la Sociedad de Ingeniería en Medicina y Biología de la IEEE, celebrada en Orlando (EE. UU.) que “se trata de rayos que podrían causar daños retinianos catastróficos y que están al alcance de cualquiera, incluidos niños; y no solo en tiendas sino también a través de internet”.

Además, muchos de los punteros importados -y que pueden comprarse legalmente a bajo precio- carecen de filtros de bloqueo de infrarrojos. Los fabricantes obvian la instalación de este tipo de medidas de seguridad para mantener los bajos costes, según advierten los autores.

Ante estos hallazgos, los científicos han llamado a diversas organizaciones a unirse al debate, entre ellas la Agencia Australiana de Seguridad Nuclear y Protección frente a la Radiación (Arpansa) y el Real Colegio de Oftalmólogos de Australia y Nueva Zelanda (Ranzco). Hasta el momento las autoridades no se han pronunciado más allá de recomendar “rigurosos controles de calidad”.