Un planeta le dice a otro: -No me encuentro muy bien, creo que tengo homo sapiens. Tranquilo -le contesta su compañero planeta- dicen que no dura mucho tiempo.

“Este chiste no tiene ninguna gracia; la Tierra es un paciente y nosotros somos su enfermedad”, sentencia el profesor Hugh Montgomery. De esta forma ha iniciado su ponencia el director del Institute for Human Health and Performance del University College London(UCL) durante la celebración del 38.º Congreso Internacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

“En los últimos 100 o 150 años, la población terrestre se ha incrementado 7 veces, mientras que su PIB lo ha hecho en 100 veces”, introduce el profesor de Medicina Intensiva. Aunque, a primera vista, esta cantidad de dinero circulante pueda parecer beneficiosa, “cada dólar significa una cosa más que se está sacando de la tierra: aire, agua, uranio, suelo…”.

Prueba de este saqueo es que, desde 1950, la Tierra ha perdido un 25% de especies y, entre 1970 y 2012, se ha exterminado al 58% de los animales vertebrados y el 80% de los vertebrados de agua dulce. “Extinguimos una media de 8 especies por hora y, en este mismo tiempo, talamos 130 campos de fútbol”, enumera el experto. “Estamos creando la mayor extinción masiva del planeta desde la época de los dinosaurios”, asegura.

Según los datos presentados en la ponencia, una sola cadena de comida rápida, McDonalds, produce y vende 75 hamburguesas cada segundo, lo que equivale a 1.076.166.000 kilogramos de carne cada año, para cuya producción se necesitan cerca de 16.142.490.000.000 litros de agua, que se extraen principalmente de Angola, Zambia, Tanzania y otros países africanos.

Hace 120 años, EE. UU. registró 8.000 vehículos matriculados; la cifra actual asciende a 1,2 billones de transportes privados, añade el científico. En esta misma línea, y solo durante el último año, la humanidad ha quemado 245.719.178 kilogramos de carbón, 113.330.797 litros de gas y 174.841 litros de aceite cada segundo. “Ahora mismo, estamos respirando la cantidad de dióxido de carbono más elevada que nunca haya respirado la humanidad”.

Son solo algunas de las muchas cifras que Montgomery ha aportado durante su intervención para demostrar que la agresión a la Tierra se ha convertido la mayor amenaza la salud y la supervivencia humana del siglo XXI. Al margen de los desastres naturales y los conflictos armados que pueden surgir de la escasez y pérdida de cultivos Montgomery prevé:

  1. Defunciones por olas de calor.
  2. Aumento de las alergias, por el descontrol del polen.
  3. Desnutrición, intoxicaciones y envenenamientos químicos.
  4. Diarreas y otras patologías derivadas del consumo de aguas contaminadas.
  5. Incremento de enfermedades infecciosas y bacterianas (denge, malaria,etc.).
  6. Aumento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares por el desequilibrio de ozono.

Frente al escepticismo que envuelve a la cuestión, Montgomery ha presentado extractos de informes del Pentágono (Departamento de Defensa de los Estados Unidos): “Existen evidencias sustanciales que apuntan a un calentamiento global significativo (…) sin una preparación adecuada el resultado podrían ser una caída significativa en la capacidad humana de sostener el medio ambiente de la Tierra”, dice el texto de 2003.

Otro documento de 2015 admite que “la temperatura extrema, el cambio cimático y las políticas públicas que afectan a la comida y el agua crearán o exacerbarán el riesgo de inestabilidad y las crisis humanitarias”. Ante estas evidencias, Montgomery considera que “no hemos hecho lo suficiente”. Nada ha cambiado, dice, “tengo 2 hijos de 11 años que probablemente no van a llegar envejecer porque el cambio climático los matará antes”.