Este estudio de cohorte investigó 83.349 mujeres del Nurses’ Health Study (de 1980 a 2012) y 42.884 hombres del Health Professionals Follow-up Study (1986 a 2012) que estaban libres de enfermedades cardiovasculares, cáncer, y diabetes (tipo 1 y 2) al inicio del estudio. La ingesta de grasas se evaluó al inicio del estudio y se actualizó en cada 2-4 años. La información sobre la mortalidad se obtuvo a partir de los registros de nacimientos y defunciones estatales o por informes familiares. Los resultados se analizaron de 2014 a 2016.

La ingesta de ácidos grasos pollinsaturados (PUFA), especialmente el ácido linoleico, resultó ser inversamente proporcional a la mortalidad por enfermedad cardiovascular, mientras que la ingesta de PUFA de origen marino se asoció con una menor mortalidad por cualquier tipo de enfermedad o causa.

Así, y tal y como sugiere el estudio, los diferentes tipos de grasas presentes en la dieta tienen asociaciones diversas sobre la mortalidad total por motivo cardiovascular y otro tipo de causas. Por este motivo, el estudio recomienda empezar a aplicar las recomendaciones dietéticas centradas en reemplazar las grasas saturadas y ‘trans’ por grasas no saturadas.