Todos los estudios incluidos fueron heterogéneos en cuanto al tipo de pacientes incluidas -en su mayoría mujeres obsesas con alto riesgo– y el tipo de dispositivo de terapia de presión negativa. Según informan los autores, el riesgo de infección del sitio quirúrgico tras la cesárea fue significativamente menor con el uso de la terapia de presión negativa en comparación con la aplicación de apósitos estándar. Respecto a los resultados secundarios, los autores consideraron:

  1. Endometritis.
  2. Seroma de la herida.
  3. Readmisión hospitalaria.
  4. Dehiscencia de la herida.

En este sentido, la aplicación de la terapia de presión negativa también logró reducir las complicaciones de la herida en comparación con el vendaje tradicional. No obstante, matizan los autores, “los estudios sobre la efectividad de la terapia profiláctica de presión negativa en el parto por cesárea son heterogéneos y se necesitan ensayos más grandes para aclarar su utilidad clínica”.