La nota de prensa emitida por la universidad recuerda que, según datos de los Centers for Disease Control and Prevention, cada año, un tercio de la población geriátrica sufre una caída, la principal causa de traumatismos mortales y no mortales en este grupo poblacional. Además, señalan, de acuerdo con esta fuente, en 2015, los servicios de urgencias recibieron a más de 2,5 millones de ancianos, de los cuales, más de 734.000 fueron hospitalizados.

El coste médico relacionado con este tipo de lesiones geriátricas puede ascender hasta los 36,8 mil millones de dólares, según un reciente estudio de la Universidad de Washington. Sin embargo, y a pesar de loes esfuerzos de los profesionales sanitarios, los programas de educación y prevención fallan. Tanto es así que, al entrevistar a los 87 participantes en el estudio, 60 días después de su visita a Urgencias, los autores hallaron que ninguno había participado en actividades de prevención de futuros accidentes.

El 14% de estos pacientes volvió a sufrir una caída tras el alta; 7 de ellos tuvieron que regresar a los servicios de emergencias. Aunque ninguno se inscribió en los programas sugeridos en el folleto informativo, si mostraron algún tipo de interés. En este sentido, 71% de los ancianos admitió haber hablado con un trabajador sanitario sobre su caída, el 37% discutió la manera de reducir este tipo de traumatismos con un profesional, mientras el 46% habló con familiares y el 36% con amigos.

“La cantidad de pacientes que decidió hablar sobre su caída es alentadora; sin embargo, el traumatismo también debería desencadenar una respuesta más significativa por parte del sistema de salud”, afirma el urgenciólogo Kalpana Narayan Shankar, autor del estudio. “La primera visita que realiza el anciano traumatizado es una oportunidad de oro para prevenir caídas posteriores”; sin embargo, lamenta, “la falta de tiempo y recursos hace que esta herramienta de salud se esté subutilizando”.