El simposio estuvo compuesto por 5 sesiones en las que se abordaron el citoesqueleto de plantas y hongos, las bases moleculares de su crecimiento y desarrollo, las interacciones existentes entre planta-hongo y hongo-hongo, la punta hifal y los organelos, y la biología del RNA. Una de las principales ponencias fue a cargo de Peter Hepler, profesor emérito del Departamento de Biología de la University of Massachussetss, que ha estudiado el citoesqueleto de plantas y hongos en los últimos 50 años.

“Estudiamos hongos, las determinantes del crecimiento polarizado en hongos, pero hay principios básicos de este crecimiento que son compartidos con células de algunas plantas, como pueden ser tubos de polen, pelos radiculares, y también en el campo de la biología animal, en las neuronas. En este caso, quisimos contrastar lo que nosotros hacemos con lo que hacen investigadores que trabajan con plantas”, explica Meritxell Riquelme Pérez, una de las organizadoras del evento.

—–Y matiza que “gracias a la comprensión del crecimiento de los hongos, podemos desarrollar o hacer una prospección de los inhibidores que actúan en este crecimiento. Para poder ver cuáles son las dianas que pueden agredir a estos hongos e impedir su crecimiento, necesitamos saber cómo funcionan, cómo se desarrollan. Ese sería el objetivo final de este trabajo. No necesariamente lo tenemos que hacer nosotros; eso puede pasar a gente que se encargue del desarrollo de tecnología. Ellos podrían usar el desarrollo del conocimiento que generamos nosotros para desarrollar estas herramientas”.

Además, existen otros temas de investigación que no solamente abarcan los determinantes del crecimiento polarizado de hongos y que pueden servir para seguir tratando estos temas en futuros simposios, tal y como explica Riquelme Pérez:

“Hay otros más aplicados, como puede ser la patología vegetal (fitopatología); también el uso de hongos para producir nanopartículas que tengan aplicación médica, o temas de biodiversidad fúngica. Estos pueden ser en sedimentos marinos en el Golfo de México, en ambientes semiáridos de esta región, y también se estudian algunos patógenos humanos fúngicos, tanto oportunistas como cándida, o como coccidioides, que es una enfermedad fúngica endémica de Baja California”.