Según informa la agencia EFE, las centrifugadoras comerciales son un equipamiento básico en cualquier laboratorio biomédico, pero comprar y mantener estos aparatos en los países con bajos recursos o escaso acceso a electricidad, consumibles o personal preparado en cuidados médicos tiene un coste demasiado alto.

Inspirados por un antiguo juguete, los estadounidenses crearon la llamada “papelfugadora”, que también puede separar la parte de la sangre que contiene los glóbulos blancos y las plaquetas. Gracias a esta máquina, se ha logrado aislar los parásitos de la malaria en muestras de sangre infectadas haciéndola funcionar durante 15 minutos; el concepto puede ampliarse para hacer centrifugadoras baratas de plástico impresas en 3D.

La sangre se coloca dentro de tubos capilares (estrechos tubos de ensayo) que se ponen entre 2 discos de papel y se sujetan con tiras de velcro. El movimiento giratorio para centrifugar se lograr enrollando y desenrollando, gracias a 2 asas de madera, 2 cuerdas hechas de hilo de pesca que atraviesan el centro de los discos.

De acuerdo con los autores, la “papelfugadora” puede usarse para centrifugar sangre a unas 20.000 revoluciones por minuto, comparable a la que se alcanza con las tradicionales; puede alcanzar hasta 125.000 revoluciones por minuto, “la mayor velocidad de rotación alcanzada por un aparato accionado con fuerza humana”. El coste llega apenas a los 20 centavos de dólar.