Los azúcares que produce una mujer en su leche materna vienen determinados por su composición genética. De todos ellos, el sistema del antígeno de Lewis (implicado en la generación del grupo sanguíneo ABO) tiene especial importancia en la determinación de los azúcares de la leche materna. Estos azúcares no son digeridos en el abdomen del bebé. Sin embargo, actúan como bacterias beneficiosas para su intestino.  

La investigación, publicada en la revista Clinical & Translational Immunology, se realizó en 183 mujeres embarazadas, así como en sus niños para conocer su relación con el estreptococo del grupo B, causa común de meningitis en recién nacidos y principal causa de infección en los tres primeros meses de vida. Este grupo de bacterias se encuentra de forma natural en la vagina e intestinos de la mujer, y se considera que 1 de cada 3 mujeres podría transferirla al bebé durante el parto o posteriormente.

Tras el análisis, se observó que las mujeres que produjeron azúcares de leche materna ligados al gen Lewis eran menos propensas a tener dichas bacterias en sus intestinos, así como sus bebés, que tenían menos probabilidades de adquirirlas después de su nacimiento.

Además, aquellos bebés que tenían las bacterias en los intestinos en su nacimiento, y que habían nacido de madres que producen un azúcar específico en la leche materna, llamado lacto-N-difucohexaose I, tenían más probabilidades de haberse deshecho de las bacterias de su cuerpo en los 60-89 días posteriores a su nacimiento, lo que sugiere los beneficios de la ingesta de leche materna en aquellas madres con esta variación genética.