La alarma saltó hará un mes cuando un interno centro-africano del CIE que iba a ser expulsado de España enfermó y tuvo que ser trasladado al centro de salud Perecamps, donde le diagnosticaron tuberculina. Después del primer análisis a todos aquellos que habían tenido contacto con el afectado, se encontró un caso más en un policía con el que tuvo contacto.

A raíz de esto, se activó el protocolo establecido y se comunicó la situación a las autoridades sanitarias, a los jueces que llevaban el control, al fiscal de extranjería y a los juzgados que ordenaron el internamiento de los extranjeros en el recinto. De las 208 personas revisadas, 127 dieron positivo a la prueba de tuberculina porque no habían sido vacunados o porque ya habían tenido la enfermedad.

Según EFE, la investigación sigue pendiente de laboratorio para conocer con certeza si ambos casos son de la misma cepa. Uno de los positivos indicaba que el enfermo había estado en contacto con el bacilo en algún momento, lo que significa que padeciera la tuberculosis, cuya bacteria infecta cada año a 100.000 personas en España.

Barcelona registró 300 casos de tuberculosis en un año, distribuidos de manera desigual. Las poblaciones más afectadas eran aquellos con peor situación socioeconómica, tal y como asegura la Agencia de Salud Pública. De España, solo Cataluña y Galicia tienen un plan de control y detección para la tuberculosis.