La presencia de estos compuestos, aunque sea a dosis muy bajas, afecta a las comunidades microbianas de agua dulce, tal y como se deriva del estudio publicado en la revista Science Advances. Estos productos químicos y de higiene personal (PPCP) son excretados por el cuerpo y desechados en las aguas residuales.

Los residuos se mezclan en dichas aguas sin conocer el impacto sobre las bacterias presentes en los ríos y los mares. Por ello, el trabajo plantea una herramienta que utiliza dos tecnologías ya existentes: el análisis de sensibilidad global y el análisis cuantitativo de alto rendimiento.

Esta técnica, denominada GSA-QHTS, por sus siglas en inglés, permite simular la complejidad de los sistemas naturales y ver el efecto que producen, en bajas dosis, las mezclas de residuos farmacéuticos.

Los científicos identificaron hasta 16 principios activos que aparecen de forma recurrente y generaron un paquete de 180 mezclas distintas con diferentes niveles de concentración de los citados químicos.

En el laboratorio observaron el impacto de estas mezclas en un ecosistema de agua dulce creado con cianobacterias, antiguamente conocidas como algas verdes azuladas. Las mezclas a muy bajas dosis de compuestos farmacéuticos mostraron generar efectos subletales inesperados en los organismos estudiados.

De los 16 principio activos, 8 resultaban especialmente peligrosos: carbamazepina (anticonvulsivo), furosemida (presión sanguínea), eritromicina (antibiótico), hidroclorotiazida (presión sanguínea), gemfibrozil (colesterol), venlafaxina (antidepresivo), atenolol (colesterol) y diclofenaco (analgésico).

“Nuestros resultados sugieren que los métodos de evaluación químicos actuales detectan un número considerable de contaminantes ecológicamente peligrosos e introducen un nuevo marco operativo para su identificación sistemática”, aseguran los investigadores del estudio.