Para la investigación, los autores tomaron muestras durante el año 2012 de los ríos Cosquín y San Antonio, del centro del embalse y de la zona del paredón del dique, donde nace el río Suquía. En las 48 muestras analizadas se utilizó un proceso que permitía concentrar todos los virus que hay en un litro y medio de agua en apenas 15 mililitros.

Además, y con el objetivo de facilitar más aún el trabajo, añadieron polietilenglicol, que “deshidrata” al virus y favorece su precipitación en el fondo del recipiente, previo centrifugado final. Posteriormente, utilizaron técnicas de biología molecular que pudieran determinar si, en ellas, encontraban el código genético (ácido nucleico) de virus entéricos.

Además, observaron la importancia de determinar si ese genoma detectado era infeccioso, es decir, si tuvo la oportunidad de estar dentro de una partícula viral, de estar vivo y tener la capacidad de infectar a un huésped, ya sea un ser humano o un animal.

Los resultados mostraron presencia de picobirnavirus, norovirus y poliomavirus JC en todos los meses del año en al menos 1 de los 4 sitios de monitorización. En el caso de los astrovirus, estuvieron ausentes los meses de enero, febrero y noviembre. Los rotavirus, sin embargo, no fueron encontrados durante los meses de primavera.

Así, encontraron niveles bacterianos (de Escherichia coli, enterococos y coliformes fecales) dentro de los límites aceptables, en todos esos casos se encontraron varios virus entéricos: picobirnavirus en el 76,3% de los casos; norovirus en el 71,7%; enterovirus en el 63,2%; astrovirus en el 60,5%; poliomavirus JC en el 52,6%, y rotavirus en el 50%.

El objetivo último de la investigación era determinar los grupos de virus entéricos que funcionarían mejor como complemento del análisis bacteriano para evaluar la calidad microbiológica del agua.

En este sentido, concluyeron que la detección conjunta de enterovirus viable y el genoma del picobirnavirus podrían ser indicadores de contaminación fecal humana y animal en la superficie del agua. Con ello, podrían disminuir sus niveles en caso de que los sucesivos análisis superen a los establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos.