El VIH resistente necesita un tratamiento específico cuando se detecten mutaciones de resistencia en al menos un 5% de los microorganismos de la muestra analizada. Es lo que concluye un estudio liderado por el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa cuyos resultados servirán para abordar un problema reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos acaban de publicarse en la revista The Lancet.

Según ha informado el instituto, el hecho de que una persona con VIH resistente a los antirretrovirales toma un medicamento inadecuado implica la imposibilidad de frenar la infección y los consecuentes sobrecostes. Las técnicas de secuenciación masiva han permitido detectar con mayor precisión los test de resistencia; sin embargo, no se había determinado hasta ahora el umbral a partir del cual había que aplicar una terapia específica.

“En los países de recursos escasos, se prescriben medicamentos de primera línea a todas las personas infectadas siempre y cuando no tengan un virus resistente, en cuyo caso reciben tratamientos de segunda línea, más escasos y caros”, ha comentado Roger Paredes, investigador principal del grupo de Genómica Microbiana de IrsiCaixa y especialista de la Unidad de VIH del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona.

“El problema era establecer un punto de corte a partir del cual era necesario hacer el cambio de primera a segunda línea, para no suministrar un medicamento más caro de forma innecesaria. Queríamos evaluar si una variante presente en un 10%, un 5% o incluso un 1% podía ser determinante”, ha añadido el médico, cuyo equipo ha trabajado en colaboración con el Amsterdam Institute for Global Health and Development.

Sensibilidad y especificidad

Tras analizar muestras de pacientes de Nigeria, Kenia, Sudáfrica, Uganda y Zambia, los científicos han descubierto que, a medida que se reduce el umbral de detección de variantes minoritarias resistentes, se incrementa la sensibilidad, es decir, la capacidad de identificar los casos en que el tratamiento de primera línea no será efectivo y es conveniente pasar a otro de segunda línea.

De esta manera, si el umbral se sitúa en el 20% de virus con mutaciones de resistencia, se pronostica que la primera línea no servirá en un 12% de los casos. Si el umbral se reduce al 10%, la primera línea no servirá en un 13%; si se baja hasta un 5%, no funcionará en un 15%; y con un 1%, en un 17%. Asimismo, el estudio revela que, a partir de cierto umbral, se reduce la especificidad, lo cual implica que el test de resistencias sugiera que habrá más fallos de tratamiento de los que realmente hay.

“Estos resultados sugieren que un buen punto de corte podría ser el 5%, que es el que nos permite predecir mejor el éxito de los tratamientos. Así podemos mejorar la calidad asistencial de cada paciente haciendo un uso más racional de los recursos, lo que nos posibilita llegar a más personas”, ha apuntado Paredes, para quien este trabajo demuestra cómo investigar en África puede ser también beneficioso en la práctica clínica de Occidente.

De hecho, la International AIDS Society-USA ya ha tenido en cuenta los resultados de este estudio en sus recomendaciones sobre el manejo de VIH resistente a nivel mundial. De acuerdo con la OMS, en ciertos países más de un 10% de las nuevas infecciones son causadas por virus resistentes. Se estima que, si no cambia la situación, en el período 2016-2020 las resistencias del VIH podrían causar 105.000 nuevas infecciones y 135.000 muertes por sida solo en el África subsahariana.