La proteína encargada de que la bacteria cambie de forma (CrvA) se activa en el proceso de percepción de quórum o autoinducción, un mecanismo por el que las bacterias se comunican entre sí para coordinar una infección. Los investigadores observaron que, mediante esta transformación proteica, las células de la bacteria modificaban su forma recta en curvada.

En diversos experimentos, los científicos observaron que las células curvadas permitían una mayor movilidad a través de geles gruesos y que las células rectas raras veces infectaban a un individuo de forma eficiente. Por este motivo, Zemer Gitai, autor del estudio, sugiere que averiguar el modo de bloquear su curvatura podría evitar que las personas enfermaran.    

La expresión de CrvA aumenta a medida que crece la densidad de población de bacterias y estas utilizan la detección de quórum para alertarse de que su ambiente ha cambiado: del agua, en el que la forma celular recta es ventajosa, a los líquidos del intestino, según explican los autores en el estudio.

V. Cholerae y Caulobacter, similares en estructura

Otro estudio realizado por Thomas Barlett, un estudiante graduado en el grupo de investigación de Gitai, publicó en 2014 como la curvatura de la bacteria Caulobacter crescentus, le permite soportar mejor las corrientes de arroyos, estanques y lagos en los que crecen las bacterias. Según este investigador, V. Cholerae y Caulobacter son más similares de lo que parece. Comprender el proceso de transformación celular de una de ellas podría ayudar en el entendimiento de la otra.

CrvA es el primer filamento proteíco descubierto en el periplasma, situado entre la membrana externa e interna de las bacterias gram negativas. Desde el punto de vista del tratamiento, el periplasma es más accesible que el citoplasma, según señalan los autores del estudio, lo que podría suponer una ventaja para conseguir una modificación más asequible y viable para una futura terapia.