Tal como explican los investigadores en una nota de prensa de la universidad, los animales de dividieron en 2 grupos. En el primero de ellos, las ratas poseían una mutación en el gen del receptor de la leptina que propiciaba el desarrollo de obesidad; mientras, el otro grupo, sin la mutación, mantenía un peso normal.

A ambos grupos, subdivididos, se les administró un placebo o el conjunto de probióticos durante 30 días. Los investigadores utilizaron un chip de DNA para analizar la expresión de 27.000 genes, aunque se centraron los 3 cuya expresión, modificada por las cepas de probióticos, los involucraba en la inflamación intestinal.   

Así, los científicos hallaron que la expresión de los genes Adamdec1, Ednrb y Ptgs1/Cox1 aumentó en la mucosa intestinal de las ratas obesas en comparación con las delgadas. Sin embargo, la expresión de Adamdec1 y Ednrb a nivel de mRNA y proteína, y la de Ptgs1/Cox1 a nivel de demRNA, quedaba inhibida con la administración de los probióticos:

  1. Lactobacillus paracasei CNCM I-4034.
  2. Bifidobacterium breve CNCM I-4035.
  3. Lactobacillus rhamnosus CNCM I-4036.

Estos resultados podrían deberse, según el autor principal de este trabajo, Luis Fontana Gallego, a “la acción de los probióticos sobre algunos tipos celulares de la mucosa intestinal, ya que los marcadores de macrófagos proinflamatorios y células dendríticas aumentaron en las ratas obesas, y la administración de las cepas revirtió los aumentos”.

Además, según señala el experto del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UGR, los probióticos también consiguieron aumentar la IgA secretora. Esta investigación, ya ha sido trasladada a un grupo de voluntarios humanos, en el que “se ha demostrado la tolerancia y seguridad de las 3 cepas de probióticos”, asegura.

En este estudio -multicéntrico, aleatorizado, doble-ciego y controlado por placebo en voluntarios sanos- la administración oral de los probióticos modificó la microbiota intestinal de los voluntarios y consiguió efectos inmunomoduladores.