La tolerancia a los antígenos de los alimentos está basada en las células dendríticas migratorias para la integrina CD103 presentes en la mucosa, que promueven la diferenciación de las células T reguladoras (Treg), como han podido comprobar en estudios anteriores. Esta investigación demuestra que la alimentación con fibra mejora la tolerancia oral a los alimentos que provocan una reacción alérgica gracias a una mejora de la actividad deshidrogenasa en CD103.

Esta protección dependía de que la vitamina A estuviera incluida en la dieta. Por otra parte, una alimentación con fibra promovió la producción de inmunoglobulina A (IgA) y de linfocitos T foliculares, así como una mayor actividad del lugar de formación de la mucosa. Los ratones del estudio carecían de GPR43 o GPR109A (receptores de AGCC), por lo que presentaban una alergia grave, usual en los casos de ausencia de estos receptores.  

Así, los investigadores australianos aseguran que “los alimentos que incluyen fibra y vitamina A regulan las vías de protección del tracto intestinal necesarias para que el sistema inmunológico no tenga capacidad para provocar una respuesta frente a los antígenos presentes en los alimentos”. Un problema que afecta del 1 al 3% de la población adulta y del 4 al 6% de la población infantil, según datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).