Según han informado las compañías en un comunicado, el workshop tenía como objetivo conocer las particularidades, las indicaciones existentes y debatir sobre la relación entre la enfermedad renal crónica (ERC) y la fibrilación auricular (FA), así como poner en evidencia las complicaciones de la anticoagulación tradicional con warfarina o acenocumarol en pacientes con estas enfermedades.

La prevalencia de FA en pacientes con ERC es, como mínimo, 10 veces mayor que en la población general. A pesar de ello, existe un desconocimiento por parte de los especialistas en el manejo anticoagulante de estos pacientes”, señalaba el moderador del encuentro, Jordi Calabia, jefe de servicio de nefrología del Hospital Josep Trueta de Girona, quien lamentaba la exclusión de pacientes renales crónicos en los estudios de anticoagulación.

Esto, decía, dificulta la valoración del beneficio riesgo del nefrólogo a la hora de decidir anticoagular. Asimismo, de acuerdo con el experto, el papel de los nefrólogos en el manejo de la anticoagulación en la actualidad es secundario y se ve supeditado a la indicación por parte de otros especialistas.

En ese sentido, hablaron de los anticoagulantes de acción directa (ACODs) en los pacientes con ERC y FA y el creciente protagonismo que pueden alcanzar en los próximos años. Según Calabia, tienen “grandes ventajas” con respecto tratamiento con antivitamina K, ya que la tasa de sangrado es menor, no implican efectos sobre la calcificación vascular y tienen menos interacciones con otros fármacos.

Recientemente, la guía NICE (National Institute for Health and Care Excellence) recomendaba el uso de apixabán frente a warfarina en pacientes con un índice de filtración glomerular estimado (eGFR) de 30–50 ml/min/1,73 m2 y fibrilación auricular no valvular con uno o más riesgos evidentes de sufrir un ictus, basadas en los resultados de un subanálisis pre-especificado del estudio ARISTOTLE[i]. En el mismo, apixabán en comparación con warfarina redujo el índice de ictus, muerte y sangrado grave, y las personas con función renal dañada (eGFR 25-50 ml/min/1,73m2) obtuvieron una mayor reducción de sangrados gravesi.

“Los beneficios de los ACODs en los pacientes con ERC se hacen evidentes -señalaba Calabia-, por lo que es lógico que repercutan progresivamente en las recomendaciones de las guías más influyentes a nivel internacional”. Esto fue uno de los puntos más destacados en el encuentro, puesto en, en general, el paciente que sufre afecciones renales crónicas y arritmias suele ser crónico y está plurimedicado; aumentar el rango de seguridad, evitando posibles efectos adversos, es un beneficio para el clínico a la hora de decidir un tratamiento anticoagulante.