Según informa la organización en una nota, la Unión Europea (UE) aprobó en 2011 un reglamento de etiquetado alimentario que entrará en vigor el próximo 13 de diciembre. A partir de entonces, todos los productos procesados deben indicar su contenido en sal, azúcares simples y grasas saturadas.

Sin embargo, no es necesario que se especifique el contenido en fósforo y potasio, “muy relevantes” para la salud del riñón. De hecho, de acuerdo con los responsables del estudio, se habla cada vez más del fósforo como el “nuevo colesterol”, ya que está implicado en la calcificación vascular.

Los investigadores han analizado el etiquetado alimentario y los ingredientes de 235 productos procesados. Estos contienen más aditivos que los productos frescos, con un aumento considerable de sal y fósforo, entre otros minerales, lo cual supone un problema para los enfermos renales, que tienen disminuida la capacidad de eliminarlos; aumenta así su riesgo cardiovascular.

El nuevo etiquetado alimentario no aporta ninguna información sobre el potasio, mientras que del fósforo solo se informa a través un código de letra y número. La investigación muestra el contraste entre esta carencia de información y la importante sobrecarga en potasio y fósforo de los alimentos procesados analizados.

Los resultados de este trabajo sobre el etiquetado alimentario se han presentado en el reciente Congreso Nacional de la SEN, para la que el estudio es relevante porque muestra la necesidad de avanzar en la sensibilización social sobre una dieta saludable, también desde la perspectiva del riñón. “Un objetivo al que ayudaría un etiquetado que pusiera de relieve no sólo los contenidos en sal, grasas saturadas y azúcares simples, sino también en aditivos fosfóricos”, añaden desde la organización.