Según explican los autores, el uso de fibratos es habitual para el control de la hipertrigliceridemia.

El trabajo recoge 46 casos de fracaso renal asociado al inicio de fenofibrato, una relación bien conocida. Se analizó la evolución de la función renal y la proteinuria de los pacientes tras la suspensión del tratamiento con el medicamento mencionado. Todos los pacientes tenían enfermedad renal crónica en estadio 2-4, la mayoría eran hombres, un 85% seguía un tratamiento simultáneo con fármacos bloqueantes del eje renina angiotensina aldosterona y un 73,9% con estatinas.

La creatinina plasmática media subió de 1,38 a 2 mg/dl tras el comenzar el uso de fibratos; después de suspender ese uso, descendió hasta 1,4 mg/dl a los 2 meses y se mantuvo. La proteinuria sufrió un aumento inicial de 338 mg/g tras la suspensión del medicamento. La relación albúmina/creatinina pasó a 893 mg/g a los 2 meses, pero descendió a 309 mg/g al cabo de un año.

Tras analizar todos los datos, los investigadores concluyen que, aunque la relación entre el uso de fibratos y el deterioro de la función renal es clara, “nunca” debe evitarse el tratamiento con estos fármacos a priori si está indicado. Apuntan, eso sí, la necesidad de monitorizar de forma estrecha al paciente una vez iniciada la terapia.