Tal y como recuerdan los investigadores, dichos pacientes tienen mayor riesgo de sufrir una patología cardiovascular que la población general, hasta el punto de que se trata de una de las principales causas de morbimortalidad en personas con ERC. Ese mayor riesgo cardiovascular se explica por la elevada presencia de factores de riesgo clásicos superpuestos con factores específicos del estado urémico, así como por el estado inflamatorio de la enfermedad renal.

Los parámetros bioquímicos clásicos vinculados a la EOM-ERC, como son fósforo, calcio, vitamina D y PTH, tienen una implicación muy conocida en el RCV. Por eso, el estudio de los marcadores de la mencionada enfermedad, en algunas ocasiones, permite predecir ese riesgo. En este trabajo, los científicos madrileños han analizado el papel de klotho y FGF23 en ese sentido.

Según recoge el artículo, el paciente con ERC en estadios finales puede llegar a presentar valores de FGF23 de hasta 100 veces su valor normal. Los niveles elevados de esta proteína se asocian a un aumento de la mortalidad ajustado para factores de riesgo clásico cardiovasculares y otros marcadores tradicionales de enfermedad renal. Asimismo, parece que hay asociación entre la gravedad de la calcificación y el FGF23 en la ERC, por lo que podría ser un marcador de seguimiento.

Por otro lado, los autores señalan que klotho disminuye precozmente en la ERC. Su déficit puede provocar calcificación vascular, arterioesclerosis, osteoporosis, calcificación ectópica, envejecimiento prematuro, apoptosis y progresión de la patología renal. Igualmente, recuerdan que, en el fracaso renal agudo, se ha demostrado en modelos experimentales el descenso de klotho y, por tanto, su papel como posible biomarcador.