Según señalan, existe una importante asociación entre la enfermedad renal crónica y el desarrollo de eventos clínicos adversos como la enfermedad cardiovascular, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad renal terminal y un mayor deterioro funcional. La fragilidad puede revertirse, por tanto, su estudio en mayores con enfermedad renal crónica es de especial interés, apuntan los autores del estudio.

La prevalencia de la enfermedad renal crónica entre la población mayor de 64 años en España es del 20,6%. Según las previsiones de los autores del estudio, los casos de enfermedad renal crónica van a ir en aumento y el coste de su tratamiento se estima en más de 800 millones de euros, de ahí que la detección precoz de esta patología haya cobrado especial atención.

¿Cómo incide el envejecimiento?

Tal y como explican los investigadores, a partir de los 30 años se inicia un proceso de sustitución glomerular por tejido fibroso que se va incrementando a medida que pasan los años. Asimismo, se produce una disminución de la tasa de filtrado glomerular (GFR) y del flujo plasmático renal efectivo. En la tercera década de la vida, la GFR se sitúa en torno a 140ml/min/1,73 m2 y a partir de entonces comienza la disminución progresiva con un valor estimado de 8ml/min/1,73 m2 por década.

El grado de dependencia incide en un peor pronóstico

El grado de dependencia de las personas mayores con enfermedad renal crónica incide en su pronóstico. El factor de peor pronóstico en mayores con enfermedad renal lo da el grado de dependencia y la comorbilidad, afirma el estudio. Ambas condiciones están relacionadas con el desarrollo de fragilidad.

Según los investigadores, la asociación de la fragilidad con alteraciones biológicas diversas es clara. Entre ellas destaca la enfermedad renal crónica, cuya presencia en el síndrome de fragilidad ha podido contribuir a su génesis y sobre todo a su mantenimiento a través de trastornos asociados como la anemia, alteraciones osteominerales, inflamación y malnutrición.