Según indican dichos investigadores, los médicos siempre han identificado a los pacientes con mayor riesgo de insuficiencia renal a través de 2 biomarcadores, principalmente: el cociente de albúmina/creatinina en orina (ACR) y la tasa estimada de filtrado glomerular (TEFG). Sin embargo, con estos criterios se pierde una gran proporción de pacientes que están en alto riesgo y no logran predecir con precisión cuándo aparecerá la enfermedad renal terminal.

"En general, la eficacia de los ensayos clínicos depende del uso de las herramientas de diagnóstico que incluyen a los pacientes del estudio. Si reclutas a personas que no están en riesgo de desarrollar la enfermedad renal terminal durante el periodo de ensayo clínico, la estadística disminuye y no se puede probar nada”, afirma Andrzej S. Krolewski, autor principal del estudio.

Los investigadores utilizaron valores específicos de 2 biomarcadores que habían identificado en un estudio anterior realizado en 2012. En dicha investigación, encontraron una relación entre el receptor 1 del factor de necrosis tumoral (TNFR1) y una disminución de la función renal en la diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2. Por ese motivo, en el estudio actual, publicado en la revista Kidney International, decidieron probar con TNFR1.

Las diabetes tipo 1 y 2 no son tan diferentes

Así, comprobaron que los niveles de TNFR1 y de la combinación de ACR influían en el desarrollo de la enfermedad renal terminal. Posteriormente, encontraron que la prueba de diagnóstico para la diabetes tipo 2 era similar a la de diabetes tipo 1. En general, el criterio de pronóstico estuvo compuesto por una variable de sensibilidad del 72%, para detectar a personas en riesgo, y un valor predictivo positivo del 81%.

Este último valor se utilizó para detectar a aquellos que desarrollarían la enfermedad renal terminal en el plazo de 3 años. A través de estos marcadores, pudieron identificar que, “sorprendentemente, cuando se utilizaba TNFR1 para analizar el riesgo de enfermedad renal terminal el riesgo era casi idéntico tanto para la diabetes tipo 1 como para diabetes tipo 2”, afirma Krolewski.

“Esta es una observación muy importante porque, en la comunidad científico médica, se tiene la impresión de que la progresión de la enfermedad renal terminal en la diabetes tipo 1 es distinta a la de diabetes tipo 2. Como resultado, muchos ensayos clínicos no incluyen a los pacientes con diabetes tipo 1”, recalca el investigador principal.

Según confirma Krolewski, el 80% de los pacientes que se utilizan en los ensayos clínicos no proporcionan información útil, de ahí que sea necesario seleccionar a 2.000 o 3.000 sujetos. Sin embargo, con este criterio solo se necesitarían 400 pacientes, aproximadamente. Los autores del estudio consideran que las siguientes investigaciones deben centrarse en conocer las causas por las que TNFR1 daña los riñones.