La quimioembolización consiste en introducir unas sustancias en el interior de las arterias que nutren los tumores en el hígado o los riñones con el fin de obstruir la aportación sanguínea para que estas células cancerígenas mueran. De esta manera, “la zona afectada se hace cada vez más pequeña y, en algunos casos, incluso puede desaparecer”, señala Eduardo Maza, radiólogo del hospital.

“Esta técnica alivia los síntomas y controla de forma temporal la enfermedad, por lo que le da una mejor calidad de vida al paciente. Además, permite ser aptos a quienes no eran candidatos a un trasplante”, explica el especialista en Radiología.

“Este método es sencillo de aprender, sobre todo para los radiólogos vasculares. Lo más complicado es localizar la lesión, pero para ello nos ayudamos de la ecografía y otras técnicas de imagen", asegura Maza, quien señala que la prestación se inicia con un cateterismo en la arteria femoral hasta llegar al sitio más cercano al tumor cancerígeno.

Posteriormente, aplican unas partículas llamadas “microesferas” para bloquear los vasos sanguíneos, obstruir la circulación y que las sustancias administradas en la quimioterapia no se dirijan a otras zonas del cuerpo, sino que “permanezcan allí en una concentración muy alta”, matiza Maza. Además, utilizan un aceite especial para mejorar los efectos de la quimioembolización, según reconocen los especialistas.