Las mujeres con ERC (enfermedad renal crónica), en la mayoría de los casos, compatibilizan sus tratamientos con el cuidado de los mayores y los niños de su entorno, ejerciendo a la vez de pacientes y de cuidadoras. Así lo refleja el estudio ENRICA-Renal, que ha puesto de manifiesto la Sociedad Española de Nefrología (SEN) esta semana, coincidiendo con la celebración el 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer y el Día Mundial del Riñón.

En España hay más de 21.100 mujeres con ERC en tratamiento renal sustitutivo (TRS), ya sea un trasplante renal o cualquier modalidad de diálisis; esto significa que han llegado a las fases más avanzadas de la enfermedad. De esas mujeres, el 39% tiene entre 36 y 55 años; de hecho, la edad media de las mujeres con ERC españolas en TRS es de 55 años, momento en que muchas tienen que hacerse cargo de sus hijos y/o de sus padres.

A pesar de tener que someterse a tratamiento, estas pacientes se ven obligadas en muchos casos a compatibilizar la terapia con sus obligaciones familiares. Esto supone la principal desventaja de género que sufren las mujeres con ERC en España, además del asunto que más les preocupa, de acuerdo con un informe sobre el coste social de la ERC en la mujer. Este señala que esta patología tiene una prevalencia de entre el 7 y el 9% entre las mujeres adultas y se asocia a:

  1. Hipertensión arterial.
  2. Diabetes.
  3. Colesterol alto.
  4. Sedentarismo.
  5. Tabaquismo.
  6. Antecedentes cardiovasculares.
  7. Edad avanzada.

Según la presidenta de la SEN, María Dolores del Pino, es necesario combatir de manera específica estos factores de riesgo que, en algunos casos, alcanzan una prevalencia “preocupante”, sobre todo en el caso de la mujer. Por ejemplo, el 70% de las mujeres son sedentarias y menos de la mitad realizan las 2,5 horas de actividad física recomendada. Esto genera sobrepeso u obesidad, un problema que afecta al 52% de las españolas.

El tabaquismo, por su parte, se da en un 25% de las mujeres, mientras que la prevalencia global de hipertensión es del 38% y de diabetes del 6%, cifras que suben hasta el 68 y el 17% en las mayores de 65 años respectivamente. “Es necesario hacer llegar a la población qué es la ERC y cómo puede afectar a su calidad de vida”, destacó la especialista durante una jornada celebrada en el Senado.

Jesús Molinuevo, Antonio Alarcó, Carmen de Aragón, Pío García-Escudero, María Dolores del Pino, Beatriz Domínguez-Gil y Alicia Gómez.

¿Cómo me afectará?

De acuerdo con una encuesta realizada por la Federación Nacional de Asociaciones de Lucha contra la Enfermedad Renal, ALCER, el 5% de las mujeres con ERC no tiene estudios, el 11% sabe solo leer y escribir, el 31% tiene estudios primarios, el 33% estudios secundarios y el 18% universitarios, tal y como explicó el presidente de la organización, Jesús Molinuevo.

“Su mayor preocupación es el impacto de la ERC sobre su propia autonomía personal y cómo esta afectará a la situación familiar y la fase inicial de la enfermedad renal es la más impactante sobre la mujer, pues hace que el desconocimiento de la enfermedad, el cansancio y otros factores influyan en su estado emocional”, ha explicado el representante de la federación.

Por su parte, Alicia Gómez, presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica (SEDEN), recalcó la importancia del papel que tiene su profesión en el cuidado del paciente renal, “que cuenta con un perfil más complejo y especializado que en otras áreas, por lo que resulta muy importante dotar de una buena capacitación a los profesionales en este campo”.

Según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), el 64% de los donantes vivos realizados en 2017 fueron mujeres, mientras que el 66% de los receptores fueron hombres. En el caso de los trasplantes infantiles, las mujeres también representaban el 67% de los donantes vivos. La presidenta de la ONT, Beatriz Domínguez-Gil, participó también en la jornada junto a Antonio Alarcó, portavoz del Partido Popular en la Comisión de Sanidad y Asuntos Sociales; la presidenta de la Comisión de Sanidad del Senado, Carmen de Aragón, y clausurada por el presidente del Senado, Pío García-Escudero.