Existen dos modalidades de técnica dialítica sustitutiva: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal. En el caso de la hemodiálisis, se depura la sangre utilizando una máquina que la extrae y la filtra para, después, devolverla al paciente. Esto le exige desplazarse a un hospital o centro especializado un mínimo de tres veces por semana. Esta es la modalidad de diálisis más utilizada por los pacientes.

La diálisis peritoneal se lleva a cabo en el domicilio del paciente ya que elimina las sustancias tóxicas a través de su membrana peritoneal. De esta manera, el paciente solo debería acudir al hospital cada uno o dos meses para someterse a una revisión.

La coordinadora del encuentro, la Dra. Ana Rodríguez-Carmona, del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña, explicó como a la hora de prescribir la diálisis peritoneal a un paciente “es fundamental tener en cuenta aspectos como su función renal residual, su membrana peritoneal y la aplicación de un tipo de análisis que se ajuste al estilo de vida de cada paciente”.

De esta manera, Rodríguez-Carmona matizaba cómo contar con el conocimiento de la membrana peritoneal del paciente les permite “optimizar la prescripción de la diálisis teniendo en cuenta las sustancias que queremos eliminar a través de la diálisis peritoneal, como la urea, la creatinina o el fósforo y la eliminación de sodio y agua”.

La doctora Rodríguez-Carmona explicó qué pese a que los pacientes tienen la capacidad de decidir, los nefrólogos tienen la responsabilidad de aconsejar qué modalidad de técnica dialítica sustitutiva es óptimo para su tratamiento. Para lograr esto, la mayor parte de los hospitales españoles cuentan ya con un Programa de Información al Paciente que facilita el cumplimiento de la legislación en España, que obliga a los galenos a informar al paciente para que éste decida el tratamiento renal sustitutivo al que desea someterse”.