Entre todos los procedimientos, y para conocer cómo influyen en la prevención, se ha tratado de comparar los efectos que tiene la alimentación intermitente a través de una sonda nasogástrica frente a la alimentación continua a través de una sonda nasoduodenal mediante la elaboración de un estudio publicado en la revista Australian Critical Care.

Se reclutaron a 40 pacientes asignados al azar, que fueron divididos en dos grupos: 20 personas con alimentación nasogástrica y 20 personas con alimentación nasoduodenal. Se evaluó el desarrollo de neumonía asociada a la ventilación mecánica con puntuaciones clínicas pulmonares según los criterios establecidos por los Centers for Disease Control and Prevention.

Un 15% de la muestra desarrolló neumonía asociada a la ventilación mecánica. De ellos, un 10% tuvo alimentación nasoduodenal, que resultó mostrar la mitad de infecciones que las producidas por alimentación nasogástrica (20%).  Así, los investigadores pudieron observar que la alimentación nasoduodenal puede ser efectiva para reducir la incidencia por neumonía asociada a la ventilación mecánica.