En la primera de ellas, Tonsillectomy Versus Watchful Waiting for Recurrent Throat Infection: A Systematic Review, publicada en Pediatrics, los autores examinaron y compararon las tasas de enfermedad y calidad de vida de los menores sometidos a la extirpación de las amígdalas frente a aquellos que no habían pasado por la operación.

Tras analizar los datos recopilados, los investigadores concluyeron que, tanto las infecciones de garganta como las ausencias escolares, disminuyeron en el primer año siguiente a la cirugía. No obstante, admiten, los beneficios en la reducción de las infecciones no fueron persistentes a lo largo del tiempo.

El segundo paper, titulado Tonsillectomy for Obstructive Sleep-Disordered Breathing: A Meta-Analysis, evidenció una mejora a corto plazo en las rutinas de sueño de los pequeños operados, aunque, una vez más, “los datos sobre la durabilidad a largo plazo fueron limitados”, lamentan los autores.

Por todo ello, han concluido que, tanto los médicos como las familias de los pacientes necesitan tomar decisiones compartidas sobre cada niño en particular y sopesar los beneficios y los riesgos de que el menor se someta a una migdalectomía.

“La familia de cualquier niño que se considere como candidato a una cirugía, debe tener una discusión personalizada con el especialista acerca de todos los factores que pueden estar en juego y sobre cómo las amígdalas encajan o no en el panorama general de la salud de ese niño”, concluye el autor, Siva Chinnadurai en una nota emitida por el centro.

En cualquier caso, señala Francis, “la extracción de las amígdalas reduce, al menos modestamente, el riesgo de infecciones”, además, precisa el experto, menos del 4% de los pacientes operados experimentaron hemorragias y menos del 1% precisó de una readmisión en quirófano.