El objetivo era evaluar la prevalencia de la broncoconstricción inducida por el ejercicio (BIE) en dicha población de Gran Bretaña, con el fin de comparar 2 grupos distintos. Ambos deportes requieren un aumento de la frecuencia cardiaca y de la respiración; no obstante, los atletas están expuestos a demandas diferentes por la duración y el entorno de los entrenamientos.

Tras recopilar y analizar datos de 38 boxeadores y 44 nadadores de élite, los investigadores observaron que la prevalencia de BIE era mayor en los últimos. La exposición a los químicos usados para mantener las piscinas y las altas exigencias respiratorias repetidas pueden explicar las disfunciones en las vías respiratorias encontradas en los nadadores.

A la vista de los resultados, los científicos concluyen que no está claro del todo que un incremento de la susceptibilidad a BIE afecte al rendimiento deportivo o a la salud de las vías respiratorias de los deportistas de élite a largo plazo. El asma, por lo tanto, no debería ser una barrera para la práctica deportiva al más alto nivel.