“Identificamos que la testosterona es un potente inhibidor de células linfoides innatas (CLI), una célula inmune que se ha asociado, recientemente, con el inicio del asma”, asegura Cyril Seillet, autor del estudio e investigador en el Walter and Eliza Hall Institute of Medicine de Australia.

El equipo de investigación encontró que las CLI2 frenaban la producción de células al detectar testosterona. Las CLI2 se encuentran en los pulmones, la piel y otros órganos. Estas células pueden producir proteínas inflamatorias pulmonares como respuesta al polen, los ácaros del polvo, el humo de los cigarrillos o el pelo de los animales. "Los tratamientos para el asma grave, como los esteroides, pueden tener efectos secundarios significativos”, explica Seillet.

Por eso, “este descubrimiento proporciona una nueva forma de tratar el asma centrada en las células que contribuyen, directamente, al desarrollo del asma alérgica. Mientras que se realizan otros estudios necesarios, este estudio abre la posibilidad de imitar esta regulación hormonal de poblaciones de CLI2 como una manera de tratar o prevenir esta enfermedad”, matiza el científico australiano.

Tácticas similares, orientadas en la regulación hormonal, se han utilizado con éxito para el tratamiento de otras enfermedades, como el cáncer de mama, indican los investigadores, por lo que este tratamiento podría ser efectivo para el asma, que afecta a 1 de cada 12 estadounidenses (25 millones de personas) y 1 de cada 9 australianos (2,5 millones de personas), según confirman los autores de la investigación.