Los resultados aseguran que hay una relación entre las bajas temperaturas y el aumento de dióxido de nitrógeno y ozono, lo que produce más ingresos por embolia. De Miguel observó que, en las estaciones más frías, especialmente en noviembre y febrero, había más casos de embolia y coincidía con los picos más altos de polución.

Los datos ambientales, llevados a cabo entre 2001-2013 en España, se recopilaron según los códigos postales de pacientes mayores de edad nada más ingresar. De Miguel explicó que contó con la ayuda del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

“Existe la posibilidad de que los factores ambientales no tengan un papel determinante sobre la mortalidad ya que durante la investigación se ha observado que el mayor registro de muertes por embolia pulmonar se produjo durante las estaciones más cálidas, como son primavera y verano”, matizó el doctor.

Los factores ya conocidos que pueden precipitar una embolia pulmonar son la edad, los antecedes de haberla sufrido antes, el cáncer, las patologías neurológicas, la insuficiencia cardiaca o respiratoria, la terapia hormonal sustitutoria y, ahora, la contaminación en meses fríos, tal y como explicó el neumólogo.