Los niños, de entre 3 y 17 años, habían sido hospitalizados en uno de los 14 hospitales del noroeste de Inglaterra. Los sujetos tuvieron un seguimiento de un año tras envolver los colchones, los edredones y las almohadas con cubrecamas o fundas antiácaros, así como con recubrimientos sencillos (placebo). Ni los niños ni los profesionales sanitarios sabían qué tipo de fundas habían recibido los niños.

Las infecciones virales, especialmente las que causan el resfriado común, son un factor de riesgo importante para las exacerbaciones de asma en niños sensibilizados y expuestos a los alérgenos. "Otros estudios han demostrado que estos 2 factores de riesgo actúan de forma sinérgica y aumentan casi 20 veces la probabilidad de ingreso en el hospital”, explica Clare S. Murray, investigadora del estudio y profesora en la University of Manchester.

“No tenemos ninguna forma de proteger a las personas contra los virus del resfriado, pero nuestro estudio indica que evitar el alérgeno puede ser una intervención costoefectiva”, afirma Murray, quien también ejerce como profesora en el Royal Manchester Children's Hospital.

Los investigadores observaron que los niños que duermen con recubrimientos antiácaros tenían un 41,5% menos de probabilidades de tener una exacerbación del asma que derivara en un ingreso hospitalario, en comparación con el 29,3% del grupo placebo. Asimismo, tenían un 45% menos de visitar una sala de urgencias o de usar corticosteroides sistémicos y tardaban más en llegar a dichas situaciones. 

No obstante, los recubrimientos antiácaros no redujeron el número de niños que fueron tratados con un solo corticosteroide fuera del hospital. “Es posible que los recubrimientos no impidieran la exacerbación, pero reducían la gravedad”, según detalla Murray. Los investigadores aseguran que los niños que más se beneficiaron de los recubrimientos antiácaros solo dieron positivo a la alergia del ácaro del polvo y vivían en hogares de padres no fumadores.