La droga, que ya ha superado el ensayo en fase III con grupos reducidos de pacientes, supondría “un cambio en las reglas del juego para el tratamiento del asma”, según Chris Brightling, neumólogo y autor principal del estudio. Entre las bondades del producto destaca “su potencial para reducir la necesidad de los pacientes de tomar esteroides orales”.

Gracias al consumo de esta píldora, entre 1 y 2 veces al día según la gravedad de los síntomas, los pacientes podrían prescindir del uso de inhaladores y derivados de esterano, cuyos efectos secundarios pasan por el aumento de peso y el riesgo de diabetes, osteoporosis e hipertensión arterial.

Por el contrario, la pastilla sería capaz de reducir la inflamación de los pulmones, recuperar la función del órgano y reparar el revestimiento de las vías respiratorias; todo ello facilitando el paso de la sangre mediante el bloqueo de las células inflamatorias.

Se trata de una “promesa masiva” que podría revolucionar el tratamiento de los 500.000 británicos que padecen asma en un contexto que, además, tiende a disparar el número de casos diagnosticados. De hecho, las muertes por esta causa han aumentado desde las 1.208 personas en 2014 hasta las 1.418 en 2015. Dos tercios de estas defunciones habrían sido evitables, según los expertos.

Actualmente, cada 10 segundos algún paciente en Reino Unido sufre un ataque de asma de riesgo vital, agravado por la contaminación (del aire, las normas de higiene o la inhalación del cloro de las piscinas, según el National Health Service (NHS). “El nuevo medicamente supondría una gran diferencia para estos enfermos”, augura Brightling en declaraciones a The Lancet Respiratory Medicine.

Para llegar a la fase de comercialización del Fevipiprant, habrá que esperar “más de dos años, pero menos de tres”, promete el científico. Actualmente el autor se encuentra desarrollando otro ensayo clínico con 850 pacientes asmáticos, del que se esperan obtener resultados en 2018.

"Esta investigación debe ser recibida con optimismo, pero también con cautela", señala Samantha Walker en la revista The Guardian. La directora del instituto de investigación Asthma UK aboga por continuar investigando; “estamos muy lejos aún de ver una píldora para el asma disponible en el mostrador de la farmacia, pero es un desarrollo emocionante y, a largo plazo, podría ofrecer una alternativa real”.

Con ella coincide el experto del Real Colegio de Pediatría y Salud Infantil, Jonathan Grigg, quien reclama nuevos estudios para saber si el fármaco es adecuado para la administración pediátrica. “Reino Unido tiene una de las tasas más altas de prevalencia del asma en el mundo: más de un millón de pacientes son niños”, recuerda.

 “Actualmente los tratamientos requieren inyecciones regulares, por lo que la pastilla tendría un enorme impacto en las vidas de muchos menores”, señala Grigg sobre esta la pastilla, que ya ha recibido el visto bueno por parte de pacientes y organizaciones benéficas. La investigación ha sido financiada por Novartis Pharmaceuticals, el NHS y el proyecto AirPROM de la Unión Europea.