Para comprobar este aumento de la supervivencia, se usaron datos de registro de pacientes con esta enfermedad y 4 ensayos clínicos de fase III con pirfenidona. En ellos se determinó una media de esperanza de vida de 8,7 años en aquellos enfermos tratados con este fármaco, en contraposición con un 5,9 y 6,1 años de los tratados con otros tratamientos.

Estudios posteriores confirmaron el beneficio de la pirfenidona en la reducción de la progresión de la enfermedad, tal y como dicen desde el laboratorio, sin tener en cuenta la gravedad. Aunque este medicamento está permitido en adultos con la enfermedad moderada o leve, su tratamiento no suele comenzarse en aquellos que conservan la función pulmonar.

En este congreso se presentó otro trabajo que analizaba los cambios de frecuencia y dosis en los tratamientos en los pacientes en fase III. En él se mostró que los efectos adversos suelen producirse al inicio del tratamiento y no son muy duraderos, pese a que sea necesario ajustar las dosis para controlarlos. La mayor parte de los estudiados respondió bien las 52 semanas de estudio y no presentaron problemas a la hora de aumentar las dosis.

La FPI es una enfermedad grave y progresiva frente a la cual no se dispone de una opción curativa. Iniciar el tratamiento inmediatamente después del diagnóstico e independientemente de la gravedad de la enfermedad, es clave para preservar la función pulmonar”, señaló Julio Ancochea, jefe de Servicio de Neumología del Hospital de La Princesa en Madrid.

La Sociedad Torácica Americana, la ERS y otras sociedades internacionales del aparato respiratorio, han puesto de manifiesto la necesidad de investigar más el uso a largo plazo de los tratamientos para la fibrosis pulmonar idiopática.