El estudio, liderado por la Universidad de Lovaina (Bélgica) con la colaboración de científicos del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), analizó los niveles de las partículas que están suspendidas en el aire y los kilómetros de distancia que había desde la residencia de cada uno de los trasplantados a la carretera más cercana.

Para saber si la contaminación estaba relacionada con el trasplante o la disfunción del injerto, se analizaron las PM10, partículas en suspensión del aire menores de 10 μm que se introducen en los bronquios y en los pulmones al respirar. Para medirlas correctamente, se tomaron como referencia los niveles de un estudio europeo del 2007.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la exposición media a estas partículas no debe superar los 20 µg/m3 y el límite medio diario debe de ser de 50 µg/m3, según explica el hospital en una nota de prensa. Estas cifras están por debajo de los actuales niveles de contaminación de Barcelona, ciudad que formó parte del estudio.

Los índices de supervivencia en los trasplantes de pulmón son los más bajos comparadas con otros órganos, y se encuentran alrededor de los 5 años tras la intervención, sobre todo porque los trasplantados pueden rechazar el órgano. El trasplante de pulmón es siempre el último recurso tras haber sufrido patologías respiratorias graves (enfisema, fibrosis quística o pulmonar).

El papel de los macrólidos

El VHIR informó sobre 450 pacientes trasplantados de pulmón entre 1997 y 2011 en el Hospital Universitario Vall d’Hebron con datos relacionados con la contaminación y el tráfico junto al lugar de residencia.

“Paciente a paciente, contamos el número de vías principales y secundarias próximas a su residencia en radios desde 50 a 1.000 metros, así como la longitud de estas, para determinar si la exposición al tráfico era un factor que influía en la mortalidad”, declaró el Dr. Antonio Román-Broto, jefe de sección del Servicio de Neumología del hospital.

Tras analizar datos de los 5.700 pacientes, se detectaron diferencias entre los pacientes que habían consumido macrólidos y los que no los tomaban, y se determinó una asociación entre la tasa de mortalidad y la contaminación en los pacientes no tratados con macrólidos (3.556 pacientes).

El doctor Román-Broto comunicó que, si se reducían los niveles contaminación a los niveles recomendados por la OMS, se podría prevenir el 10% de la mortalidad en los trasplantados de pulmón que no tomaban macrólidos. Por otro lado, los pacientes que no los consumían tenían un efecto protector ante la contaminación.