Durante el estudio, los investigadores analizaron la expresión de PACAP a través de una de las conexiones cerebrales, el tracto espinoparabraquial amigdalino, que se extiende desde la médula espinal hasta la amígdala, base del comportamiento emocional. Los responsables del estudio emplearon modelos para conocer los puntos de conexión entre el dolor crónico y la ansiedad.

“El dolor crónico y la ansiedad van, en muchas ocasiones, de la mano”, ha señalado el autor principal del estudio, Victor May. May ha recordado que, en un estudio realizado en 2011, él y los miembros de su equipo de investigación descubrieron que el neurotransmisor Pacap también incrementaba su expresión en mujeres que sufrían estrés postraumático.

Los investigadores han constatado que la ansiedad y la hipersensibilidad al dolor se reducían si se aplicaba un antagonista del PACAP, diseñado, precisamente para bloquear la respuesta a estos 2 episodios. “Dirigiéndonos a este regulador tenemos la oportunidad de bloquear tanto el dolor crónico como la ansiedad”, ha concluido May.

Tras obtener estos resultados, los investigadores de la Universidad de Vermont trabajan en el desarrollo de una molécula cuyos componentes puedan actuar como antagonistas del Pacap. “Se trata de una alternativa a la benzodiacepina y los opioides para el tratamiento del dolor crónico y la ansiedad”, ha subrayado May.