El aparato ortopédico cuenta con un sensor de presión y un estimulador portátil que envía las señales a un grupo de electrodos conectados a los nervios, dentro del brazo amputado. Este sistema ha permitido a los voluntarios distinguir hasta 20 niveles distintos de presión.

"La capacidad de determinar cuánta fuerza se aplica es clave para la manipulación compleja de objetos y para interacciones humanas -tales como acariciar, efectuar un apretón de manos o manejar objetos delicados con confianza-”, ejemplifica Dustin Tyler, ingeniero biomédico y creador del aparato. 

El hecho de que estos pacientes “puedan saber cuánta presión aplicar a su prótesis facilita una relación más fluida con sus familiares y seres queridos”, celebra el creador de la prótesis sensible. Según recoge Science Trasnational Medicine, “la estimulación eléctrica a través de electrodos de nervios periféricos ha demostrado la restauración sensorial a largo plazo después de la pérdida de la extremidad”.