El Hospital Central de la Cruz Roja San José y Santa Adela ha acogido la 72.ª Jornada de la Sociedad Centro de Rehabilitación, centrada en el tratamiento de las alteraciones del equilibrio mediante técnicas de posturografía. “El envejecimiento de la población hace que las alteraciones del equilibrio y su consecuencia más inmediata –las caídas- sean la epidemia de nuestro siglo”, asegura la doctora Rosario Barrios, jefa del servicio de Medicina Física y Rehabilitación y presentadora del encuentro, al que ha acudido MedLab Media Group. Este desgaste del equilibrio, dice, “tiene consecuencias nefastas para la calidad de vida y también para el gasto sanitario”.

Frente a esta problemática, los doctores Francisco Javier Cogolludo y Bárbara Nasarre, especialistas en Otorrinolaringología y Medicina Física y Rehabilitación de la Fundación Jiménez Díaz, han destacado la necesidad de colaboración interdisciplinar. “La fisiología del equilibrio es un sistema muy complejo en el que actúan varios subsistemas”, explica Cogolludo, “los otorrinos nos centramos en el vestibular, pero la visión o la sensibilidad propioperceptiva son igual de importantes”, asegura.

“Lo primero cuando llega un paciente es hacer un buen diagnóstico diferencial y saber si se trata de un problema del sistema vestibular periférico, llamativo, pero generalmente banal, o un problema por afectación central, más insidioso, pero también más mortal”, defiende el experto. Para ello, lo primero es acudir a la historia clínica del paciente y conocer datos básicos como la duración del vértigo, el episodio que lo desencadenó, etc. “Suelen darse patrones muy claros”, asegura, “cuando refieren sensación de acufeno y presión antes del vértigo, es casi siempre una crisis de Ménière”, ejemplifica.

Según los datos ofrecidos por el otorrinolaringólogo, entre un 70 y un 75% de los casos pueden diagnosticarse con la historia clínica y una exploración física; sin embargo, en ocasiones es necesario acudir a una exploración clínica o instrumental. Entre las primeras, Cogolludo ha destacado el test Halmagy y la maniobra de agitación cefálica para la sensibilización del nistagmo. Respecto a las instrumentales, el experto menciona la craneocorpografía, la electronistagmografía o la videonistagmografía como técnicas en desuso; esta última por la dificultad para aplicarse a pacientes operados de cataratas o con la raya de maquillaje tatuada en el párpado.

Por el contrario, han irrumpido en la especialidad novedades como los sistemas de cámara de alta velocidad, la posturografía o los potenciales vestibulares miogénicos evocados registrados sobre el esternocleidomastoideo. “Existe evidencia científica de la utilidad de la posturografía, algo muy difícil en nuestro campo”, señala Nasarre citando textos de Cochrane. A la hora de diagnosticar las alteraciones del equilibrio, la experta en Medicina Física y Rehabilitación hace hincapié en la comunicación con el paciente y la personalización de los casos. “Describir un mareo puede ser muy difícil”, admite, “hay pacientes que lo describen como un desmayo, otros con la sensación de estar borracho”, ejemplifica. “Sin saber qué es el huevo y qué la gallina, se ha comprobado que el vértigo puede estar vinculado a la ansiedad y depresión de los pacientes”, explica Nasarre.

También es importante tener en cuenta la velocidad de las oscilaciones: “en los deportistas, por ejemplo, se registran movimientos muy cortos y rápidos, mientras en las personas con esclerosis múltiple son muy largos y lentos porque tardan en darse cuenta de que se están moviendo”, explica la rehabilitadora. “Hay pacientes que simulan los mareos, pero también personas que somatizan el vértigo”, secunda Cogolludo, “los patrones son muy variables”. Esta afirmación se cumple especialmente en la atención de casos infantiles, corrobora el foniatra Serafín Rodríguez.

“Los trastornos del equilibrio en niños son muy muy diferentes y además existen muy pocos protocolos de posturografía pediátrica”, lamenta el especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Niño Jesús. En el campo de la rehabilitación pediátrica, además, “existe mucha más interferencia de los traumatólogos”, advierte Rodríguez, “a menudo les hacen demasiadas intervenciones en un mismo acto quirúrgico y eso acaba por complicar los cuadros”, considera.

Toda esta variabilidad sintomatológica, tanto en niños como en adulos “se traduce en que, a lo mejor, un paciente deambula bien en el centro donde lo atienden, pero es incapaz de ir en transporte público, a un centro comercial o detiene la marcha cuando va a hablar”, ejemplifica la doctora Susana Pajares, especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral (CEADAC). “La repercusión e interferencia de lo cognitivo es tan importante que hay que hacer un cambio en la forma de atender los trastornos del equilibrio: todo es dual”, sentencia la doctora, experta en trastornos motores de ato nivel y daño cerebral adquirido.

En cualquier caso, advierte Nasarre, la rehabilitación es una disciplina que requiere mucha implicación por parte del paciente. “Los problemas de equilibrio son patologías muy discapacitantes, hay que insistir en el trabajo en casa y, sobre todo, explicar al paciente que con algunos ejercicios se va a marear, porque si no es muy posible que lo dejen”, explica. Sin embargo, el éxito de la posturografía depende también del nivel formativo del rehabilitador. “El médico debe estar muy entrenado”, defiende Cogolludo, “existen errores muy comunes como la mala colocación del paciente en el arnés”. Además, la posturografía tiene una serie de limitaciones a nivel físico; por ejemplo, con pacientes ancianos o traumatizaos graves incapaces de mantener la postura requerida, o personas con problemas de ansiedad que se asustan con el movimiento del aparato.