“La razón por la que algunas formas de pérdida auditiva pueden pasar desapercibidas en la clínica es que la audición implica una asociación compleja entre el oído y el cerebro”, argumenta el profesor del Center for Hearing and Deafness de la UB, Richard Salvi, en una nota de prensa.

“El sistema auditivo central puede compensar los daños en el oído interno, de la misma manera que, en una radio, el oyente puede subir el control de volumen para escuchar mejor una estación distante”, ejemplifica el autor principal del estudio, que publica la revista Frontiers in Neuroscience.

“Las personas con este tipo de daño tienen dificultad para oír en determinadas situaciones, como escuchar el habla en una habitación ruidosa; pero, como sus umbrales parecen normales, el otorrinolaringólogo los envía a casa”, denuncia Salvi. El paciente puede obtener audiogramas normales “aunque haya perdido el 75% de sus células ciliadas”, advierte.

Sin embargo, la adición de ruido de fondo evidenciaría una deficiencia en la detección y reconocimiento de sonidos. “Por eso los audiogramas no son una forma adecuada para detectar pérdidas de audición tan sutiles”, concluye Benjamin Auerbach, coautor del trabajo.

Además, “la compensación del sistema central puede causar una sobreamplificación del sonido o, incluso, hacer que el silencio se perciba como un ruido”. Esto podría contribuir a la aparición de otros trastornos, desde tinnitus a hiperacusia, advierte el investigador.