“La mayoría de las patologías que conducen a la ceguera están relacionados con enfermedades de los fotorreceptores, tal es el caso de la retinitis pigmentosa (RP), por lo que se está desarrollando una amplia variedad de métodos para restaurar parcialmente la visión”, resumen Elisa Castaldi y Maria Concetta Morrone, autoras principales del estudio.

Entre estos avances cabe mencionar, por ejemplo, las prótesis retinianas de estimulación eléctrica; sin embargo, “la restauración de la función de la retina no implica necesariamente que los pacientes puedan volver a ver”, matizan, “ya que la plasticidad de la corteza visual primaria retenida por el cerebro adulto es limitada”.

Para estudiar este punto, las investigadoras han tomado como ejemplo el implante Argus II en pacientes adultos, utilizando como marcadores de actividad neuronal los cambios en los niveles de oxígeno en sangre. Tras la cirugía, 6 de cada 7 pacientes intervenidos, anteriormente ciegos a causa de la RP, fueron capaces de detectar estímulos de alto contraste, como destellos de luz, utilizando el implante protésico.

Según pudieron observar las autoras mediante imágenes por resonancia magnética funcional, cuanto más practicaba el paciente, mayor era la actividad cerebral en respuesta, tanto a nivel de tálamo como de corteza. En otras palabras, “el cerebro adulto puede aprender a ‘ver’ por medio de una entrada visual artificial”, resumen Castaldi y Morrone en la publicación PlosBiology.