Según ha informado la Universidad, el trabajo buscaba investigar la asociación que existe entre la práctica crónica de ejercicio físico y la función cognitiva (atención sostenida en particular), así como evaluar los mecanismos fisiológicos (a nivel neural y autonómico) que subyacen a dicha relación en adultos jóvenes entre 18-35 años.

Para ello, los investigadores (pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, CIMCYC) compararon 2 grupos de adultos jóvenes durante la realización de una tarea cognitiva de vigilancia psicomotora durante 60 minutos; uno estaba formado por triatletas, ciclistas y corredores y el otro por personas con un estilo de vida sedentario. Todos realizaron un test de esfuerzo incremental en cicloergómetro para determinar su capacidad cardiorrespiratoria.

Los hallazgos electrofisiológicos registrados durante la prueba demostraron que el buen nivel de condición física cardiovascular está relacionado con actividad cerebral sugerente de una mejor capacidad general para asignar recursos atencionales en el tiempo. Los participantes con alto nivel de condición física mantuvieron una mayor amplitud en el potencial P3 (comúnmente asociada a la habilidad de focalizar eficientemente la atención) a lo largo de la tarea.

El estudio demuestra, además, por primera vez, un funcionamiento bidireccional entre el sistema nervioso central y autónomo más eficiente en aquellos individuos que presentaban un alto nivel de condición física cardiovascular. Concretamente, la aptitud cardiovascular se relacionó positivamente a una actividad cerebral indicando una mejor preparación de la respuesta a nivel neural (indexada por un potencial cortical conocido como Contingent Negative Variation, CNV), que se vio reflejada simultáneamente a nivel periférico.

Según el autor principal, Antonio Luque, entender en profundidad los factores que potencian el mantenimiento de la atención es “especialmente relevante” si se tiene en cuenta la importancia de esa función cognitiva en contextos diversos, desde la conducción de coches hasta la cirugía, pasando por la atención en clase o el control del tráfico aéreo. Igualmente, la investigación ofrece, en su opinión, “nuevas perspectivas sobre el potencial beneficio del ejercicio físico sobre la función cerebral”.