Para hacer el estudio, identificaron a los jugadores varones que estudiaron en esos años en los institutos públicos de Rochester (Minnesota, Estados Unidos) y practicaban fútbol americano, natación, lucha y baloncesto. Posteriormente, se determinó la incidencia de enfermedades neurodegenerativas tardías en esa población.

Se identificaron 296 chicos que jugaban a fútbol americano y 190 que practicaban otros deportes. Los primeros tenían mayor riesgo de traumatismo craneal documentado, especialmente si jugaban más de un año. En total, 10 de los jugadores de fútbol y 8 del resto de deportistas desarrollaron una enfermedad neurodegenerativa.

Basándose en esos resultados, los investigadores concluyen que el fútbol americano no aumentó el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. En todo caso, advierten de que los resultados se corresponden con una época en la que había menos protección y prohibiciones en el campo. “El tamaño y la fuerza de los jugadores de otras épocas podría no ser comparable con los deportistas de instituto actuales”, finalizan.