El análisis, publicado en la revista British Journal of Obstetrics and Gynaecology, recoge los resultados de 74 estudios sobre el desarrollo neurológico de 64.061 niños nacidos entre 1980 y 2016. Todos ellos se enfrentaron a una serie de evaluaciones cognitivas, tales como un test de cociente intelectual, y pruebas de habilidad motora, lectora, ortográfica y de rendimiento en matemáticas. Estas evaluaciones se llevaron a cabo en diferentes etapas del desarrollo pediátrico: de 2 a 4 años, de 4 a 11, de 11 a 18 y de los 18 años en adelante.

Las puntuaciones resultaron menores entre los niños prematuros durante las 3 primeras etapas de desarrollo. Los nacidos antes de las 37 semanas mostraron menor rendimiento en tareas de memoria y velocidad de procesamiento comparados con los niños nacidos a término; además, tenían el doble de probabilidad de desarrollar trastornos de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

“Estos resultados ponen de relieve la necesidad crucial de que padres, cuidadores y docentes reconozcan la necesidad de apoyo en aspectos sociales, académicos y de comportamiento en las edades de la escuela primaria y secundaria para los niños nacidos pretérmino”, defiende Zamora, jefe de IRYCIS, en una nota de prensa. “El desarrollo general del niño depende del apoyo brindado para maximizar su potencial”.

Por su parte, la ginecóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal y profesora asociada de la Universidad de Alcalá de Henares, Irene Pelayo, ha confirmado que el estudio constata cómo el momento de la finalización de la gestación puede influir en el neurodesarrollo posterior del niño a corto, medio y largo plazo. “En determinadas ocasiones, si existe alguna condición materna o fetal que lo justifique, los ginecólogos se verán obligados a terminar precozmente el embarazo”, admite; sin embargo, en otros casos, “se deberá sopesar minuciosamente los beneficios de inducir el parto antes del término frente a un posible efecto adverso maternofetal intraútero”, concluye la doctora.