Según explica el estudio, publicado en la revista Headache, los pacientes debían autoadministrarse la estimulación vestibular calórica, que se llevaba a cabo mediante auriculares de aluminio acolchados durante 20 minutos diarios y a lo largo de 3 meses. Estas corrientes térmicas “activan los órganos del equilibrio que alteran la actividad de tronco encefálico, asociado con la aparición de migrañas”, explica el autor principal del estudio.

Para evaluar la efectividad de la técnica, David Wilkinson y su equipo se basaron en:

  1. Reducción del número de migrañas diarias al mes.
  2. Cambios en el uso de analgésicos.
  3. Reducción en las puntuaciones subjetivas de dolor de cabeza.

Aplicando estos criterios, los investigadores concluyeron que el grupo de tratamiento activo con estimulación vestibular calórica experimentó 3,6 días menos con migraña, en comparación con los 0,9 días del grupo placebo. Por eso mismo, los sujetos tratados reportaron menos sensación de dolor y recurrieron en menor medida al consumo de fármacos.

Según informa el estudio, los voluntarios con migraña completaron el ensayo con una tasa promedio de adherencia al tratamiento del 90%, sin que se registrasen eventos adversos graves o inesperados, ni afectación en el estado de ánimo, la cognición o el equilibrio.

Los hallazgos, presentados durante la reunión anual de la American Headache Society (AHS) sugieren, por tanto, que la estimulación vestibular calórica “proporciona una terapia adyuvante, clínicamente eficaz y altamente tolerable, para la prevención de la migraña episódica”. Además, según el presidente del Comité Científico de la AHS, cada vez más pacientes se decantan por opciones de tratamiento no farmacológicas.