La investigación, publicada en Molecular Psychiatry, ha combinado imágenes cerebrales, genética y datos de comportamiento recogidos durante la adolescencia a lo largo de 3 años. Según los investigadores, los adolescentes que crecen en entornos con menor nivel socioeconómico presentan cantidades mayores de un marcador químico asociado a la depresión.

Una mayor presencia de este marcador químico en el gen SLC6A4 (transportador de la serotonina) provoca que la amígdala cerebral tenga una actividad mayor y una sensibilidad más alta. Los resultados del estudio mostraron que cuanto mayor sea la actividad de la amígdala cerebral más altas son las probabilidades de que el adolescente padezca depresión.

Un estatus socioeconómico bajo puede añadir mayores niveles de estrés, llegando a ser incluso crónico, complicando aún más la adolescencia. Hasta el momento, “el mayor factor de riesgo que tenemos para la depresión es una historia familiar de la enfermedad”, ha explicado Douglas Williamson, coautor del estudio y profesor de Psiquiatría y Ciencias conductuales en Duke.

Por su parte la primera autora del estudio, Johnna Swartz, ha destacado que “los hallazgos de este estudio suponen que un menor nivel socioeconómico se relaciona con diferencias biológicas que elevan el riesgo del adolescente para la depresión”.

El trabajo desarrollado por el equipo de investigadores de la Universidad de Duke se ha centrado, en su mayoría, en los marcadores químicos epigenéticos asociados al gen SLC6A4, ya que ayuda a controlar los niveles del cerebro de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión clínica y otros trastornos del estado de ánimo.