"Nuestros cerebros pueden representar la ubicación del sonido mediante audición egocéntrica, por ejemplo, cuando percibes que el teléfono está sonando a tu izquierda, o mediante audición alocéntrica cuando el teléfono que suena está sobre la mesa, en una esquina”, ejemplifica Stephen M. Town, autor principal del estudio, en una nota de prensa de la universidad.

Si el sujeto oyente mueve la cabeza, “las neuronas con un enfoque de audición egocéntrica responden de manera diferente, ya que la posición del teléfono respecto a sus oídos ha cambiado”, explica el investigador. En este caso, “las neuronas alocéntricas mantendrán su respuesta”.

Hasta ahora, explica Town, los experimentos sobre la materia se han realizado en sujetos estáticos, por lo que no era posible deducir si la sintonización espacial reflejaba la sensibilidad a la posición del sonido respecto a la cabeza de sujeto -audición egocéntrica- o respecto al escenario –audición alocéntrica-. Por eso, en esta ocasión, el equipo se valió de sujetos en movimiento.

Tal como recoge el estudio, publicado en la revista Plos Biology, Town y su equipo monitorizaron a un grupo de hurones que podía circular libremente por un espacio equipado con altavoces. Los picos de actividad de las neuronas de la corteza cerebral auditiva se midieron mediante electrodos, mientras los movimientos de la cabeza se siguieron gracias a luces LED.

De esta manera, pudieron comprobar que la mayoría de las neuronas relacionadas con la audición cambiaban sus respuestas cuando el animal movía la cabeza hacia la fuente de sonido. Aunque la percepción se orientaba mayoritariamente a una audición egocéntrica, también hallaron que un 20% de estas neuronas reaccionaba cuando los investigadores movían la fuente de sonido, y no cuando se movía la cabeza del hurón.

La convivencia de los modelos de audición egocéntrica y alocéntrica permite, por tanto, recibir una información auditiva del medio más compleja. Además, “una cuestión clave es que las unidades egocéntricas y alocéntricas se encuentran en las mismas profundidades corticales en las áreas del cerebro donde se registró la actividad mediante electrodos”, señalan los autores.