Para lograr un resultado óptimo se selecciona al paciente de párkinson idóneo, se diseña y se lleva a cabo la intervención quirúrgica. Otro de los puntos clave es la coordinación del tratamiento médico y estimulación cerebral tras llevar a cabo la implantación del sistema de estimulación cerebral profunda.

Tras la intervención, el paciente presenta una disminución acusada de la rigidez en brazos y piernas, así como ausencia de temblores en un 80% de los casos. Tampoco aparecen secuelas quirúrgicas. De esta forma, la estimulación cerebral profunda permite disminuir la cantidad de medicación que precisa el paciente de cara a controlar la enfermedad.

Los pacientes idóneos que se seleccionan para este tipo de tratamiento son menores de 70 años, aunque a día de hoy, se están llevando a cabo intervenciones con buenos resultados a pacientes de hasta 75 años. También se precisa que dicho paciente disponga de un buen estado de salud general. Además, se requiere que presente una buena respuesta al tratamiento con L-Dopa, y que precise altas dosis de medicación con efectos secundarios adversos.

La Estimulación Cerebral Profunda abre nuevos campos de investigación para los pacientes de párkinson, una patología que en España afecta a 186 personas por cada 100.000 habitantes, y que aumenta cada año debido al creciente envejecimiento de la población.