La cisticercosis es una infección causada por larvas de Taenia solium, la tenia del cerdo. Investigadores del Instituto de Salud Carlos III han evaluado por primera vez el impacto de esta patología en España, donde no hay un sistema de control de la forma humana de esta enfermedad. Los resultados de la investigación se han publicado en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases.

Tal y como recoge la agencia SINC, la cisticercosis es considerada la causa prevenible más común de epilepsia a nivel mundial; de hecho, provoca el 30% de los casos de epilepsia en los lugares en los que el parásito es endémico. América Latina, Asia y África concentran las tasas más altas de infección por este parásito, que se suele adquirir a través del agua o de alimentos contaminados.

Los fenómenos migratorios han hecho aumentar la incidencia en Europa de esta infección, que da lugar a quistes larvales en músculos, ojos, cerebro o médula. En España, no obstante, la carga de la enfermedad por cisticercosis era desconocida, de acuerdo con la investigadora Zaida Herrador, autora principal de la revisión que ha evaluado por primera vez el impacto de las hospitalizaciones por cisticercosis en el territorio español.

En concreto, se revisaron las características clínicas y la distribución de los 1.912 casos codificados entre 1997 y 2014. En ese periodo, la tasa media anual de hospitalizaciones fue de 4,22 por cada 100.000 habitantes. El 63,6% de los pacientes tenía entre 16 y 44 años y los diagnósticos asociados más frecuentes fueron epilepsia y convulsiones (49,5%), hidrocefalia (11,8%) y encefalitis/mielitis/meningitis (11,6%).

En los primeros 10 años estudiados, se detectó un número creciente de hospitalizaciones, que descendió a partir de 2008, coincidiendo con los cambios en la tasa de migración externa al país. Murcia, Navarra y Madrid encabezaron el ranking por comunidades de mayor tasa de hospitalizaciones por cisticercosis, sobre la que los expertos creen que sería necesario recopilar datos para mejorar el conocimiento de la enfermedad y, en consecuencia, reducir la morbilidad y los costes asociados.

La cisticercosis se puede transmitir por ingestión de huevos del parásito emitidos con las heces de personas infestadas o por autoinfestación a partir de la ruptura de los segmentos en los se divide el cuerpo de las larvas adultas alojados en el intestino del mismo hospedador. En los 2 casos, el embrión liberado del huevo penetra la pared del intestino y es transportado por los vasos sanguíneos a cualquier lugar del organismo, donde se desarrollan los quistes larvales.

Estos se ubican en distintos tejidos, dando lugar a distintos síntomas en función del órgano afectado. Su presencia en el sistema nervioso central provoca desorientación, dolores fuertes de cabeza y, en casos más graves, convulsiones, pérdida parcial de la memoria e incluso la muerte. El tratamiento se basa en fármacos antiparasitarios y, en ocasiones, cirugía.