Según informa la universidad, investigaciones previas habían planteado una relación entre la patología citada y una exposición en el lugar de trabajo a campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja, descargas eléctricas, disolventes, metales y pesticidas. Sin embargo, fallos en el diseño o los métodos de los estudios restaron fuerza a esas asociaciones.

En este caso, los investigadores usaron datos de 58.000 hombres y 62.000 mujeres de entre 55 y 69 años del Netherlands Cohort Study. Los participantes que habían fallecido por ELA se compararon con un grupo de unas 4.000 personas seleccionadas aleatoriamente para el estudio.

La exposición profesional a campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja se asoció con mayor riesgo de desarrollar ELA entre los hombres. De hecho, aquellos que habían estado expuestos a dichos campos tenían más del doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad que los que nunca habían estado expuestos.

A pesar de que se trata de un estudio observacional, por lo que no pueden sacarse conclusiones causa-efecto, los investigadores aseguran que sus hallazgos fortalecen la evidencia que sugiere que la citada patología neuromotora puede estar relacionada con la exposición en el lugar de trabajo a campos electromagnéticos extremadamente bajos.